miércoles, 13 de octubre de 2010

Resumen del prólogo y capítulo 2 "El valor de educar" de Fernando Savater

El prólogo está dirigido a toda persona que se dedique a la enseñanza. En la actualidad, la figura del maestro ha ido desprestigiándose hasta el punto que se piensa que son aquellos incapaces de realizar una carrera universitaria completa y por lo tanto, le corresponde un sueldo bajo, ya que no ha realizado logros para que no sea así. El libro habla sobre la preocupación del autor por la crisis actual de la educación. Anima a quienes se dedican a ella, y a la población el general, a promover el necesario debate para intentar ayudar a mejorar el ámbito educativo.

En el capítulo 2 comenta que estamos genéticamente programados para adquirir destrezas que solo pueden enseñarnos los demás. Al fin y al cabo, a lo largo de la vida todos hemos sido maestros en alguna ocasión. Para ser humano es necesaria la sociedad y el tiempo, pues para enseñar algo a alguien es necesario haber vivido en el tiempo ese conocimiento antes que él. Los primitivos se enseñaban cosas sin constituir para ello una institución específica, esta aparece cuando lo que se enseña es un saber científico, pues no todo puede aprenderse en la calle. Los griegos son los pioneros en distinguir entre el pedagogo y el maestro, atribuyendo todo el prestigio al primero, siendo el segundo un simple instructor. Separar la educación de la instrucción es imposible ya que no se puede educar sin instruir y viceversa.

El capítulo habla de la distinción de capacidades abiertas y cerradas, clasificando la educación como abierta y el aprendizaje una actividad permanente. Lo más importante es enseñar a aprender. La instrucción sería cerrada y básica pero no suficiente. La escuela debe formar tanto el núcleo del desarrollo cognitivo como el de la personalidad.

Finalmente, el autor comenta el término “curriculum oculto”, objetivos vergonzantes que subyacen a las practicas educativas y que se transmiten sin estar reflejados en la estructura jerárquica de la institución.

1 comentario:

  1. Dos observaciones: no es el autor quien opina, sino un personaje. Y concretar en qué discrepamos es una manera de expresar qué pensamos. Un punto de vista bien plasmado, especialmente cuando con coincide con el nuestro, nos ayuda delimitar nuestras ideas.

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